domingo, 26 de enero de 2014

COMO LLEGAR AL SITIO

La piedra está en el poblado de Caldera, distrito de Boquete, provincia de Chiriquí, en la República de Panamá. Las coordenadas exactas de la piedra son 08°39.373N 082°22.057W WSG84 a 378 metros sobre el nivel del mar.





Puedes abordar un bus en la ciudad de David hacia caldera. Y si vas en auto sigue  la vía hacia boquete, siga conduciendo hasta la entrada de Caldera. Verá la entrada hacia la derecha, el poblado de Caldera está a 12 Km desde esa entrada.


HISTORIA DEL PARQUE PIEDRA PINTADA


Es uno de los sitios de petrograbados más conocidos de Panamá, tanto por pobladores como por arqueólogos.
 Incluso aparece registrada en el libro "Panorama of Panama's Petroglyphs" (1961) de Neville Harte. Debido a esta celebridad, la piedra ya ha recibido atención en el pasado. 

La así llamada Piedra Pintada, es una enorme piedra sobre la cual quién sabe qué manos de indios esculpieron dibujos y figuras, algunos de un trazado perfecto. 
 Unos piensan que esa piedra fue un altar que los indios erigieron a sus antiguos dioses. 

Otros dicen que los doraces dejaron allí un mensaje representado con los signos ideográficos que ellos usaron para comunicarse unos con otros. Pero hay una tradición más: que bajo esa enorme piedra yace sepultado un gran tesoro compuesto por figuras de oro, las mismas figuras que aparecen dibujadas en la piedra.

 Ningún dorasque tocará ese tesoro, pero vendrán extranjeros que se apoderarán de él. Pondrán debajo “tierra de temblor y de fuego” y la piedra saltará en pedazos hasta el cielo. 

Los que hagan esto tendrán que huir en tres direcciones: hasta la mitad de la plaza de Caldera, hasta el llano de Troya, y hasta la “Vuelta del Jobo”. Ese tesoro está custodiado por un espíritu o “dago familiar” de los doraces y ninguno de la raza se expondrá a los males que le vendrían si intentase tocar el tesoro. Eso sólo lo harán blancos extraños y poderosos sobre los cuales no tienen poder los “dagos” del antiguo pueblo de los doraces. 

Mientras, allí sigue la piedra con su mole enorme, con sus signos misteriosos, memorial o mensaje que los indios de hoy muchas veces contemplan melancólicamente como si oyeran en ella el eco de una voz extinguida.